lunes, 2 de mayo de 2011

Neuroética práctica, Enrique Bonete, Desclee de Brouer, Bilbao, 2010

Desde que en 1979 Beauchamp y Childress definieran los cuatro principios elementales de la bioética, la ética aplicada en general se ha ido configurando como una disciplina en alza en las sociedades contemporáneas. De punta a punta del mundo, lo vemos en los periódicos, en las revistas especializadas y en el inmenso volumen de publicaciones que se editan cada año desentrañando las diversas aplicaciones posibles de aquello que Aristóteles llamó “el bien hacia el que todas las cosas tienden”.

Lejos de la imagen de un saber encerrado en monasterios o que únicamente se imparte en las aulas, la filosofía actual se ha plantado en medio del debate público como un legítimo interlocutor en lo que respecta a las acciones y valores que las inspiran del mundo actual. Rechazados antiguos modelos aleccionadores dirigidos a la esfera privada de las personas, la ética contemporánea ofrece cada día nuevos y mejores argumentos para pensar el sentido de nuestras acciones en la esfera pública.
Es así que la bioética, la ética empresarial, la ética de los medios de comunicación o la ética del turismo son campos de exploración que cada día aumentan su radio de análisis acrecentando sus expectativas y situándose al lado de las grandes ciencias sociales que hasta no hace mucho dominaban el discurso acerca de nuestras sociedades.

Una de las últimas ramificaciones de la ética aplicada, nos explica Enrique Bonete en su último libro, es la Neuroética práctica. Término adaptado de Adina Roskies, quien en su Neuroethics for the New Millennium sistematizó algunas de las secciones que se desarrollaron en el primer Congreso de Neuroética de San Francisco, celebrado en 2002 bajo el lema: Neuroethics. Mapping the field.

La novedad de la disciplina es tan considerable que la simplicidad del libro de Bonete se justifica por sí misma. Es cierto que existen científicos y filósofos importantes que ya han empezado a desarrollar teorías consistentes acerca de las implicaciones éticas del cerebro y las implicaciones cerebrales de la ética. Científicos de la talla de Antonio Damasio, Michael Gazzaniga, Steven Pinker, Richard Dawkins o Daniel Dennett, sin embargo nos encontramos en los inicios de una disciplina que no sabe, para empezar, si acabará asumida por la bioética o si conseguirá realmente un estatus independiente dentro de los estudios éticos y científicos, es por ello que una introducción de este calibre se hace completamente necesaria.

El libro está dividido en cuatro partes. Una primera dedicada a lapso de tiempo que va de la aparición de la Bioética al nacimiento de la Neuroética. Del artículo Bioethics: A bridge to the future de Potter, al citado congreso dirigido por Safire. En segundo lugar nos encontramos, bajo el epígrafe Modelos y problemas de Neuroética, con un intento de señalar los principales temas de los que se ocupa esta nueva rama de la ética, así como algunos de sus principales referentes. En esta sección se divide muy acertadamente la ética de la neurociencia de la neurociencia de la ética y se intentan plantear algunas de las cuestiones principales que afectan a cada uno de estos campos de reflexión, centrándose en tres grandes cuestiones: la relación entre cerebro y mente, la dicotomía entre libertad y determinismo y finalmente la validez de los paradigmas deontológicos o consecuencialistas en lo que se refiere al estudio de la neurociencia de la ética.
En los capítulos tercero y cuarto entramos en terreno aplicado, dejamos de lado la historia y las teorías y se intenta, en la medida de los posible, concretar algunos de los principios, recomendaciones y diagnósticos filosóficos acerca de dos fenómenos singulares y difíciles de afrontar: el estado vegetativo y la muerte cerebral. Ambos, paradójicamente, fruto del avance y la evolución de la medicina que, sin embargo, no están lo suficientemente bien tratados en nuestros hospitales, con las consiguientes consecuencias que implica manejar cuestiones tan difíciles e impactantes sin herramientas éticas a las que recurrir.

La secularización del mundo y su paulatina cientifización ha producido que los antiguos modelos morales se encuentren hoy en día en estado de alerta por su posible desaparición, atrincherados en muchos casos en pequeños reductos apartados del devenir de la sociedad. Pero aunque la filosofía se encuentre sufriendo una gran metamorfosis, la mayoría de filósofos actuales han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Ahí quedarán los pensamientos de Martin Heidegger sobre la técnica como los orígenes de un pensamiento abocado a la meditación sobre el presente científico en clave filosófica y de sus consecuencias humanas.

No hay vuelta atrás ante la interdisciplinariedad de la reflexión consensuada. La generación del primer comité de ética asistencial a partir del caso Quinlan en el Hospital General de Massachussets en 1976 dio el punto de partida a una serie de reuniones en las que los expertos de diferentes ámbitos determinan las posibles implicaciones éticas de un caso, dando cada vez una argumentación razonada de sus recomendaciones. Dicho encuentro, temporizado a partir de diversos protocolos exige debatir y contrastar ideas entre profesionales de la salud, abogados, filósofos y en los casos que se requiera personas invitadas para la ocasión acerca de preguntas que la filosofía lleva siglos tratando: la autonomía del paciente, la naturaleza de la vida y de la consciencia, el imperativo ético de tomar decisiones. La novedad es que hoy en día el filósofo no es el que tiene la última palabra, sino un espacio de interlocución libre y respetado en el que puede y debe, en la medida en que tiene el conocimiento, saber argumentar las mejores soluciones éticas a un caso determinado.

Ya no es posible hablar del filósofo como aquel anacoreta que, desde su cabaña en la montaña, reflexionaban acerca del ser y de sus sombras. Hoy en día el filósofo es aquel que nos muestra que el camino es la reflexión conjunta de las cosas, una reflexión que exige, como nunca, una disposición excelente hacia de lo propio y lo ajeno y una voluntad de consenso social que trascienda cualquier tipo de ideología.

El presente libro es un intento por introducirnos en un mundo nuevo, ofreciendo el abanico de teorías y autores que están empezando a generar opinión en este campo. Se agradecen herramientas como estas ya que nos ayudan a estar en la primera línea de las reflexiones éticas mundiales, así como estar atentos a los últimos avances de la medicina.

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